Jazz con IA
Crea tu canción gratis y conviértela en video. También puedes cantarla con tu voz clonada.
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Toca una idea y la abrimos lista para crear. Después la cambias a tu gusto.
Lo que hace que algo suene a jazz casi nunca es la melodía: son los acordes y el pulso. Séptimas, novenas, trecenas y sustituciones que convierten una progresión sencilla en algo con color; el swing, esa manera desigual de tocar las corcheas que hace que la música se balancee en vez de marchar; el contrabajo caminando nota a nota por debajo de todo; y las escobillas rozando la caja en lugar de golpearla. Ese lenguaje se le pide a Musica AI por escrito y vuelve tocado por la formación que hayas elegido.
Hay una fórmula que aparece en casi cualquier tema y que se puede nombrar directamente: el dos-cinco-uno, tres acordes encadenados que crean tensión y la resuelven, y que se repite por distintas tonalidades a lo largo de una misma canción. Alrededor de eso, el pianista no toca los acordes completos sino voicings, versiones recortadas que dejan fuera la fundamental para que la ocupe el contrabajo. Encargar "armonía extendida, voicings abiertos, sin fundamental en el piano" acerca el resultado a lo que suena en un club y lo aleja de lo que suena en un tutorial.
Un estándar se interpreta casi siempre con la misma receta de tres pasos: se expone el tema, cada músico improvisa por turnos sobre esa misma armonía durante una o varias vueltas, y al final se vuelve a tocar el tema para cerrar. Eso significa que la forma —treinta y dos compases en la mayoría de los casos, doce si es un blues— se repite en bucle y lo que cambia es quién está hablando encima. Puedes encargar exactamente esa estructura y decidir cuántas vueltas dura cada solo.
El jazz cambió de piel cada década y cada etapa se pide por su nombre. Las big bands de los treinta llenaban salones con secciones enteras de metales y arreglos escritos al detalle. El bebop de los cuarenta, con Charlie Parker y Dizzy Gillespie, lo volvió rápido, virtuoso y para escuchar sentado, con temas construidos sobre la armonía de canciones populares. El cool de los cincuenta bajó la temperatura y la dinámica. El modal de Miles Davis abrió el espacio: en lugar de correr sobre cambios de acordes, improvisar sobre una sola escala durante minutos. Después llegaron el free, la fusión eléctrica de los setenta y el smooth de saxo dulce.
Lo que separa un jazz creíble de uno decorativo es casi siempre la batería. Un patrón de swing bien tocado no es regular: el platillo ride dibuja una figura que se repite con pequeñas variaciones, el charles cierra en el segundo y el cuarto tiempo, y la caja suelta acentos sueltos y a destiempo que responden al solista. Escribir "batería con ride marcado y acentos de caja respondiendo al solo" evita ese tic-tac plano que delata a una maqueta.
Hay una rama que nos toca de cerca. Cuando el trompetista Dizzy Gillespie se juntó con el percusionista cubano Chano Pozo a finales de los cuarenta, la clave afrocubana entró en el jazz y ya no salió: de ahí nacieron Machito y sus Afro-Cubans, Tito Puente, y más tarde Chucho Valdés con Irakere o Paquito D'Rivera. El latin jazz cambia la base: en lugar del contrabajo caminante hay un tumbao, en lugar del swing hay clave, y el piano toca montuno. Pedirlo con esas tres palabras da un resultado muy distinto al de un trío neoyorquino.
Por el lado brasileño la historia es otra. La bossa nova apareció a finales de los cincuenta cuando una guitarra empezó a repartir la armonía en síncopas pequeñas y la voz se retiró a un susurro, sin proyectar, casi hablando. Es jazz por la armonía y samba por el ritmo, y funciona a un volumen bajísimo. Más adelante el samba-jazz y la música instrumental brasileña subieron la energía. Si quieres esa textura, nómbrala y añade "guitarra sincopada y voz cercana, sin vibrato".
La formación decide casi todo lo demás. El trío de piano —piano, contrabajo y batería— es lo más habitual para ambientar; el cuarteto añade saxo o trompeta como solista; el órgano Hammond con guitarra y batería da el sonido caliente del soul jazz; el quinteto de bebop pone dos vientos al frente; la big band exige arreglos y secciones completas; y la guitarra sola, con acordes y melodía a la vez, es lo más discreto de todo. Di también qué instrumento lleva el solo, porque el arreglo se construye alrededor de ese protagonista.
Sin letra escrita, lo que recibes es el tema instrumental con su espacio de improvisación en medio, que es exactamente lo que se busca para un local, una cafetería o un video de marca. Con letra, entras en el terreno de la voz de jazz, que frasea por detrás del tiempo, alarga las palabras y trata la melodía como una sugerencia y no como una obligación. Los dos caminos están abiertos y se eligen en Musica IA simplemente escribiendo o dejando el campo en blanco.
Una nota sobre el volumen, que aquí es parte del estilo: casi todo el jazz de club se toca bajo, con la banda escuchándose entre sí en lugar de imponerse. Escribir "dinámica contenida, sin saturar, como a tres metros de la banda" acerca el resultado a esa sensación de sala pequeña y lo aleja del sonido brillante y comprimido de una grabación pensada para la radio.
Es un género agradecido para el fondo: un bar, una tienda, una cena, una lista de trabajo, la cortina de un pódcast o una escena de película en blanco y negro. Indica el tempo —una balada respira por debajo de 80 pulsaciones por minuto, un swing medio ronda las 120 y un bebop puede pasar de 240— y también la tonalidad, que en el jazz suele caer en si bemol o mi bemol por costumbre de los instrumentos de viento. Crear el primer tema es gratis.
Sí. Sin letra escrita, Musica AI (Musica IA) devuelve el tema tocado por la formación que pidas, con el espacio de improvisación en medio. Es lo habitual para ambientar un local o un video.
Es la rama nacida del cruce entre el jazz y la percusión afrocubana en los años cuarenta. Pídelo así: "latin jazz con clave, congas, timbales y piano montuno", y añade si quieres solo de trompeta o de saxo.
Sí. Indica en la descripción si el protagonista es el saxo, la trompeta, el piano, la guitarra o el vibráfono, y el arreglo se construye alrededor de ese solista.
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